Ser tratado como Señor o Señora


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Denominamos “tratamiento” a la forma correcta y debida de dirigirnos a las personas. Los tratamientos manifiestan una especial y respetuosa deferencia hacia lo demás. Deben utilizarse, no hacerlo significa ignorar su existencia o bien un grado de grosería que se ha confundido con la naturalidad. La persona bien educada, que sabe convivir y cuida los detalles que hacen amable la comunicación y relación con los demás, utiliza el tratamiento adecuado siempre.


Estos, los tratamientos, se reconocen en los demás y son determinados por cargos, roles, edad, origen, profesión o por una situación determinada. Entre ellos se destacan los tratamientos sociales. Hoy analizaremos el de señor/a.


De manera particular el tratamiento de señor o señora a refiere a aquella persona que tiene dominio de sí mismo, que ha pasado la edad de adolecer y por consiguiente se gobierna per se apelando a la utilización de los dones innatos del criterio, el sentido común, el tacto, el buen gusto y la capacidad de asertividad, entre otros.


Quien es señor determina y tiene autoridad sobre su propia vida, la gobierna, y ello lo amerita a ser llamado tal sin temor a equivocarnos. Es el modo de tratamiento propio para aquel que demuestra esta particularidad.


Generalmente decimos que señor/a es un tratamiento honorífico social que se utiliza sobre todo para referirnos a ciertas personas que no tienen otro tratamiento posible, y por lo tanto no hay otra forma de dirigirnos a ella, por ejemplo un tratamiento académico; sin embargo hay quienes reservan el tratamiento de señor/a sólo para los más encumbrados o de mayor jerarquía, por ejemplo así lo entienden los militares.


Particularmente debemos remarcar que los hombres son señores en todo momento y desde su nacimiento, en cambio las damas son en principio señoritas para luego ser señoras. Ser señora lo determina la edad cronológica de la dama, siendo la edad promedio de 25 años en adelante; para ello uno se guía por el semblante, de modo que si le han dicho señorita y era señora no corrija al interlocutor porque no ha querido ofenderla, simplemente no lo sabía; y se la tratan de señora y es menor de esa edad, es buen síntoma para autoevaluar la imagen personal que proyecta, la que quizás necesite algunos ajustes.


Insisto, no es el estado civil lo que vuelve a una dama señora sino su edad cronológica. Obviamente si una dama menor de esa edad es señora si ha contraído matrimonio o bien a dado a luz.


Es importante tener presente que señor o señora no nace de lucir pantalones o faldas, sino de una instancia intrínseca de cada cual que se esmera y esfuerza por jerarquizar su condición, por lo que: se puede ser un profesor simplemente o un señor profesor. En el primer caso es pura aptitud fruto de una certificación de estudios, al igual que ingeniero, enfermero, locutor, etc.; en el segundo caso es aquello más la impronta personal y singular actitud lo que eleva y jerarquiza al individuo. Es por esta razón que el tratamiento de señor/señora se escribe y pronuncia antes que cualquier profesión, rol o cargo.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

(quien siempre se esfuerza por ser señor mas que profesor)

@ProfesorGavalda

www.caecba.com

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