PORTE “VERSUS” DANDISMO


¿Puedo vestir a mi gusto?, pues claro que ¡sí!, no solo debemos vestir a nuestro gusto sino que, además, debemos encontrarnos cómodos con la ropa que nos hemos puesto. Lo primordial es que nos guste.


Vestir requiere básicamente lograr destreza para hacerlo según cada ocasión.


El hombre, en su vida de relación a lo largo de tantos siglos, ha ido adoptando maneras de vestir que reflejan externamente, no solo la adecuación al propio ambiente y a las circunstancias, sino que, a la vez manifiestan el respeto que merecen y se dispensa a los demás. Modas aparte.


Saber cómo vestir en cada circunstancia es cosa de un aprendizaje constante; cuanto antes lo asimilemos mejor y así estaremos bien formados en ésta importante faceta de la vida de relación social.


Sabemos que algunas prendas de vestir son más adecuadas que otras para llevarlas juntas o combinarlas, debiendo siempre procurar que coincida nuestra personalidad con el buen gusto.


La elegancia en el vestir debe ir acompañada del cuidado en el porte y los modales, sin pretensión ni intensión de imitar a nadie; se trata de tener expresiones con naturalidad y personalidad, sin salirse cada cual de su sitio, sin querer convertirse en el centro de atención, y sin querer que se nos valore por algo tan externo y superficial como lo es la envoltura de nuestra persona.


El que llega a obsesionarse con la moda y en presentarse ante los demás como un figurín de revista termina siendo una persona frívola a la que le importa más lo accesorio que lo principal.


La elegancia es sobria. Y la sobriedad es compatible con las formas airosas e informales, con los colores vivos y alegres. Lo adecuado es el buen porte, la sencillez y la naturalidad. Si dudamos de cuál es el justo medio, más vale ir un poquito de más, pero sin desentonar con el ambiente. Lo verdaderamente importante es ser pulcros: llevar ropa limpia y planchada. Ese es el primer paso para ser elegantes. Se trata de vestir sobriamente, y al mismo tiempo, manifestar buen gusto y pulcritud.


La variedad y cantidad del guardarropa será muy distinta según sea la ocupación profesional, relaciones sociales, familiares y profesionales que cada uno tenga en su vida. Pero debemos procurar que el guardarropa sea la más reducido posible, ya que este tiene tendencia a crecer, sin que nos demos cuenta.


Cualquiera puede tener buen gusto y ser elegante, pero ello no está en relación directa con el dinero que se gaste en el vestuario, no depende con que la indumentaria sea de mejor o peor calidad, cada cual lo adecua a su capacidad económica. Para conseguirlo, es suficiente con fijarse en algunos detalles y actuar con sentido común; si dudamos de la conveniencia en tal o cual prenda o accesorio, lo mejor que podemos hacer es preguntar a quien nos merezca confianza.


La prenda de amplio uso no puede utilizarse indiscriminadamente, sino para las ocasiones en que se puede llevar; además debemos fijarnos en la función de las prendas como así también en los colores y demás detalles: las rayas verticales alargan la silueta y las horizontales la ensanchan, el negro, el azul marino y en castaño demuestras esbeltez, el blanco, los cuadros grandes y dibujos muy marcados es preferible que los utilicen personas altas y esbeltas, a las personas morenas les irán bien los colores fuertes, como el rojo, violeta, amarillo y verde, a las rubias o de piel clara, les favorecen mas los colores suaves, las personas pelirrojas ganan con el lila o el verde (nunca el rosa), las mujeres deben tener presente que no deben exagerar en la combinación de colores –los hombres también por supuesto-.


Es preferible un guardarropa de pocos colores: marrón, beige, verde, negro, gris, azul marino y rojo. Cuando las circunstancias son solemnes y “serias”, probablemente lo adecuado es el traje completo. Hay ocasiones en que lo apropiado es el traje completo, por ejemplo una cena de cierta importancia. Los claros son más adecuados por la mañana y al mediodía y los oscuros por la tarde y por la noche.


Un caso práctico: si nos invitan a una ceremonia o una cena conviene que conozcamos bien el tipo de ropa que llevará la mayoría de asistentes. Ante la duda conviene enterarse llamando a quienes nos han invitado, pues sería una desconsideración hacia los anfitriones presentarnos con una ropa inadecuada.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Presidente del Instituto CAECBA

www.caecba.com

@ProfesorGavalda


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