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CEREMONIAL Y PROTOCOLO SOCIAL Y OFICIAL EN LA ARGENTINA ACTUAL.


Nuestra querida Argentina atraviesa un tiempo difícil en cuestión de cortesía y normas de urbanidad. Se ha subestimado durante tanto tiempo el arte de la convivencia que estamos involucionando socialmente.


La sociedad se expresa por la cultura y la educación que tiene o deja de tener. Habrá notado conmigo, improbable lector, que cada generación que se suma, trae consigo un mayor desapego a las expresiones de buena educación, a pesar de ello, estamos aún a tiempo de revertirlo. Epopeya diaria, que implica un gran esfuerzo por cierto; pero podremos lograrlo. Es triste decirlo, pero es así.


Quienes tenemos o ejercemos responsabilidades, y somos referentes (sea como padres, hijos, educadores, funcionarios, empresarios, empleados, etc.) debemos comprometernos y esforzarnos por mejorar y optimizar esta realidad. Como muchos dicen ahora: ya no se piensa en qué país dejamos a nuestros hijos, sino en qué hijos dejamos a nuestra patria.


Reitero lo que expresara en reiteradas ocasiones: el hombre es 50% aptitud y 50% actitud, por haber priorizado el enfoque en la primera mitad, hemos descuidado la otra importantísima mitad, único capital válido para aquel que desea triunfar en el presente y proyectarse en el futuro. El primer 50% lo brinda, en mayor o menor medida el Estado, a través de la instrucción; el resto compete a cada Familia. Sin familia no hay educación.


En cuanto al ceremonial de un Estado, es protocolo entendido como la “expresión plástica del poder”, así fue definido en su momento. Los Jefes de Estado (en monarquías los reyes y en democracias los presidentes) están obligados moralmente a ser “embajadores” de su pueblo; éstos cargos se ejercen con responsabilidad e idoneidad; por consiguiente deben atenerse a las reglas del protocolo nacional, porque refleja la cultura y la tradición de su país; así mismo deben conocer el ceremonial foráneo para no ofender a los demás gratuitamente.


Ser natural y simpático no significa ser demagogo. Durante mucho tiempo no se lució la Banda Presidencial en los actos o ceremonias centrales solemnes del Jefe de Estado, esta opción no nos acerca más al pueblo, sino por trae lo contrario.


¿Quién puede molestarse por lucir sobre su pecho los colores nacionales?; hay detalles que crean y hacen la diferencia. Ejemplificamos: un Jefe de Estado debe lucir las prendar y artículos que son propios de su país, nunca un presidente o rey (y por Dios no me malinterprete que no estoy personalizando el análisis en ningún actual o anterior funcionario) podrá lucir vestimenta o accesorios de diseñadores extranjeros, por el contrario, debería –insisto- lucir lo que elabora su pueblo, y si son prendas o artículos de diseñadores jóvenes con ansias de crecer y progresar, mejor aún. Que orgullo será para un diseñador joven argentino que su Presidente luzca, muestre y demuestre en el mundo lo que aquí se hace.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro.

Presidente del Instituto CAECBA

@ProfesorGavalda



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