NUESTRA POSTURA


Es cierto cuando se afirma que el ceremonial es comunicación. Entre ella se destaca el lenguaje corporal, del cual hiciera culto Allan Pease en su libro “El lenguaje del cuerpo”, el que recomiendo para su tiempo libre.


Abordaremos sucintamente la postura que deberíamos observar al estar sentados o de pie, y qué es aconsejable hacer con las manos.


Al tomar asiento es preferible acercar el cuerpo hacia el respaldo de la silla; al sentarse en una butaca hay que adoptar una postura cómoda, pero sin llegar a recostarse, las rodillas no deben permanecer muy separadas, cuanto más próximas, tanto mejor, también es recomendable subirse ligeramente el pantalón para que la tela no quede tensa en las rodillas.


En el caso de las faldas, la mujer debe cuidar la posición de aquellas para que al hombre no le resulte embarazoso mirar en su dirección, no hay inconveniente en cruzar las piernas flexionadas una sobre la otra; si debe evitarse estirarlas desmedidamente.


Al estar de pie procuremos mantener naturalidad y estar relajado, las piernas muy separadas, como un compás, dan una impresión poco elegante, y es innecesario para guardar el equilibrio. Si se lleva puesto un saco, resultará más elegante y adecuado que lo mantengamos abrochado.


En relación a las manos conviene evitar dejarlas colgadas con excesiva laxitud, apoyarlas en las caderas, cruzarlas con fuerza ante el pecho o ponerlas en los bolsillos del pantalón.


Al estar sentados conviene poner las manos sobre el regazo o apoyadas en los brazos del asiento, a la mesa es recomendable apoyar los antebrazos sobre el borde de la misma; en resumen: las manos deben estar siempre a la vista de los demás.


Si se quiere andar con distinción, hay que tener en cuenta: no ir caminando muy rápido, ni a pasitos breves y nerviosos; conviene llevar la cabeza erguida, procurando que los hombros tengan una postura natural: ni rígidos, ni caídos; la longitud del paso debe estar en proporción con la estatura de cada uno. Al caminar, los pies deben estar ligeramente abiertos hacia la parte exterior, pero poco; el taconeo brioso y sonoro, es delatora muestra desconsideración a los demás; apoyaremos suavemente el talón en el suelo; y por último recordar que los brazos no deben quedar colgados como una cosa inerte, deben acompañarse con el paso y sin un braceo exagerado.


Al escribir sobre el ruido al caminar, recordé una máxima de mi Señora Madre que reza: “cuanto más ruido hace más ordinario es”, y esto es válido además del paso al caminar, al tragar, al beber, etc. etc. etc.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Presidente del Instituto CAECBA

www.caecba.com

@ProfesorGavalda

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