BREVE HISTORIA DEL ABANICO


CUANDO LA CORTE FRANCESA PROHIBIO A LAS DAMAS ABRIRLO DELANTE DE LA REINA.


Una leyenda sitúa la aparición del abanico plegable en torno al siglo VII d. C., y atribuye su invención a un fabricante japonés que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. Corrobora esta leyenda el hecho de que los primeros abanicos plegables se denominaban "komori", palabra que en japonés significa murciélago.


En Europa, el abanico plegable aparece en el siglo XVI, probablemente a través de Portugal, país que en aquella época mantenía una intensa actividad comercial con Oriente. Así, en el viaje que Dª María de Portugal realiza a España en 1543 para casarse con Felipe II, se relaciona un "abanillo" que probablemente ya fuera plegable, constituyendo una de las primeras referencias de esta nueva modalidad de abanico.


La representación pictórica del nuevo abanico no se hace esperar, y uno de los primeros ejemplos podemos verlo en el retrato de la Infanta Juana de Austria, la dama del abanico como se la llamaba, realizado en 1551 por Antonio Moro (1519-1576), convirtiéndose desde entonces en un objeto habitual en los retratos femeninos.


En los siglos XVII y XVIII el abanico plegable alcanza una gran difusión, especialmente en Italia, Francia, España e Inglaterra, pasando a ser un instrumento de distinción, elegancia y coquetería femenina; siendo, en opinión de Isabel I de Inglaterra, el único regalo que podía aceptar una reina. Esta soberana poseía una gran colección de abanicos (siempre se retrataba con alguno de ellos), al igual que la reina Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio (segunda mujer de Felipe V), llegando esta última a reunir 1636 ejemplares diferentes. La también reina de Suecia Luísa Ulrick, llegó a fundar en 1774 una Orden del Abanico para las damas de su corte.


En tiempos de Luis XV la etiqueta prohibió a las damas de la Corte abrir sus abanicos en presencia de la reina, a no ser en forma de bandeja para ofrecer algo a la soberana."


Desde mediados del siglo XVII el abanico es ya un objeto de moda, generalizándose su uso entre las mujeres de todas las condiciones en la centuria siguiente. En esta época, se convierte en un complemento femenino imprescindible, utilizándose, además de su función original, para ocultar o mostrar emociones, de ahí que Moliére lo denomine "biombo del pudor". Sin embargo, no todas las mujeres poseían la misma gracia o habilidad en su manejo, opinando Mme. de Staël que en este detalle es en el que se aprecia la distinción de las damas.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Presidente del Instituto CAECBA

www.caecba.com

@ProfesorGavalda


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