SER CEREMONIALISTA: UNA MARCADA TENDENCIA ENTRE LAS NUEVAS PROFESIONES Y OFICIOS. SU PERFIL.


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El tercer milenio que estamos transitando, trajo consigo la aparición de nuevas profesiones, y por solo mencionar algunas menciono: diseñador y director de cine, sommelier de diferentes cosas, publicista, y de modo singular la profesión de ceremonialista.


Esta nueva profesión irrumpe positivamente en la comunidad como el resultado de una genuina expresión y demanda del mercado. Mercado innovador y vertiginoso en medio de un mundo cambiante; dinamismo éste que se da día a día, ya no de década en década, como solíamos pensar.


Ante esta realidad, alarma que el ceremonial y el protocolo sigan desprotegidos y desvalorizados ante un Estado que no acompaña su desarrollo profesional, no entendiendo aún que es necesario y urgente darle un serio enfoque académico, y propiciar su colegiatura para vigorizar, amalgamar y disciplinar a sus profesionales, pero sobre todo para proteger a quienes a ellos apelen por sus servicios.


Nuestros colegas relacionistas públicos cursan sus estudios casi únicamente en universidades privadas, mientras que los estudios de ceremonial y protocolo cada vez más incipientes, se dictan en algunas facultades como capacitación de extensión o en el mejor de los casos como un Diplomado y hasta Tecnicaturas, pero no logrando aún abordar las disciplinas completa y sustancialmente. Siguen teniendo en la currícula gran injerencia materias complementarias y satélites, que obviamente no aportan mucho al tema central anhelantemente buscado por el alumno, quien egresa como supuesto “ceremonialista” sin siquiera saber saludar como corresponde.


Si analizamos el perfil y la imagen de quien practica esta profesión, que sea un ceremonialista descontracturado o no, pasa más bien por la impronta que cada cual imprime en lo que hace. No se puede ni se debe ser “esquizofrénico” profesional. Se es ceremonialista las 24 h del día, los 365 días del año. No solo lo soy cuando alguien me ve trabajar de ceremonialista o me emplea para tal función o cargo, sino siempre aunque este en lugar privado o familiar. Es un estilo de vida que marca a fuego las expresiones de quien lo vive y lo practica.


En todas las profesiones existe confrontación entre la imagen idealizada (precepción subjetiva de quien demanda), y la imagen real de las personas y de las cosas (percepción objetiva, en este caso del ceremonialista).


No alcanza para ser un buen ceremonialista, vestir traje oscuro o ser empleado del estado, se es buen ceremonialista cuando se es una buena persona y se lleva y practica un estilo de vida permanente, único, singular y obsequioso, que es educación y cortesía.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

www.caecba.com

@ProfesorGavalda

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