BUENAS MANERAS EN EL ARTE DE LA GEOMETRIA DE EUCLÍDES. EL MANUSCRITO REGIUS.


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La práctica de las buenas maneras a lo largo de la historia se recoge en miles de documentos, libros y otros manuscritos, realidad que nos proporciona una noción de la importancia que las mismas han tenido en todos los momentos de la historia.


El manuscrito Regius es un poema del siglo XIV, encomendado por el rey Ricardo II, fue publicado en 1840 por James O. Halliwell. La obra perteneció a la biblioteca real hasta 1757 y de ahí su nombre de "Regius", fecha en la cual el rey Jorge II lo donó al Museo Británico.


Seguidamente transcribo algunas líneas recogidas del Manuscrito Regius (traducción del Taller de Blasco Ibáñez) en el que se nos relata, de forma breve, un manual de buenas maneras, que a pesar del tiempo, tienen plena y solvente vigencia:


“...Quiero además enseñarte, y a tus compañeros, oíd esto, cuando ante un señor te presentes, en una casa, en el bosque o en la mesa, la capucha o el gorro debes quitarte, antes de estar frente a él; dos o tres veces, sin duda, ante el señor debes inclinarte; doblarás también la rodilla, y tendrás así salvo tu honor.


No te pongas el gorro o la capucha hasta que te dé permiso.

Todo el tiempo que hables con él, el mentón alto con franqueza y amabilidad mantén; así, como el libro te enseña, mírale a la cara con gentileza.


Tus pies y manos ten tranquilos, sin rascarte, ni tropezar, sé hábil; evita también escupir y sonarte la nariz, espera a estar solo para ello, y si quieres ser sabio y discreto, gran necesidad tienes de gobernarte.


Cuando entres en la sala, entre personas bien nacidas, buenas y corteses, no presumas de nada, ni de nacimiento, ni de tu saber, ni te sientes ni te apoyes, es el signo de una buena y apropiada educación.


No te dejes llevar en tu conducta, en verdad la buena educación salvará la situación.


Padre y madre, sean quienes sean, digno es el hijo que actúa dignamente, en la sala, en la cámara, donde te encuentres; las buenas maneras hacen al hombre.


Presta atención al rango de tu prójimo, para dirigirle la reverencia que conviene; evita saludar a todos a la vez, excepto si les conoces.


Cuando a la mesa sentado estés, come con gracia y decoro; vigila que tus manos estén limpias, y que tu cuchillo sea cortante y afilado, y no cortes más pan para la vianda que aquel que puedas comer; si así actúas junto a un hombre de rango superior, bien entonces harás.


Déjale que se sirva primero la comida, antes de tocarla tú. No tomes el mejor trozo, aunque él te lo indique; mantén las manos limpias y decentes, para no tener que usar la servilleta; no la uses para sonarte las narices, ni te limpies los dientes en la mesa; ni mojes mucho los labios en la copa, aunque tengas mucha sed; esto te haría lagrimear, lo cual no es demasiado cortés.


Mira de no tener la boca llena cuando vayas a hablar o a beber; si ves que alguien bebe escuchando tus palabras, interrumpe pronto tu historia, para que beba el vino o la cerveza.


Vigila además de no ofender a nadie, por achispado que esté; y de ninguno murmures si quieres salvar tu honor; pues lanzar tales palabras en molesta situación te pondrían.


Retén tu mano en el puño para evitar decir: "si lo hubiera sabido", en un salón entre bellas damas, ata tu lengua y sé todo ojos; no rompas en carcajadas, ni armes jaleo como un bellaco.


No bromees si no es con tus semejantes, y no cuentes a todos lo que has oído; ni te vanaglories de tus actos, en broma o por interés; con bellos discursos puedes realizar tus deseos, pero también los puedes echar a perder.


Cuando te encuentres a un hombre de valor, no debes llevar gorro o capuchón; en la iglesia, el mercado o el pórtico, salúdale según su rango.


Si andas con alguien de un rango superior al tuyo, ves por detrás de él, pues esto es de buena educación y sin falta; cuando él hable, estate tranquilo, cuando acabe, di lo que quieras, en tus palabras sé discreto, y a lo que diga presta atención; pero no interrumpas su historia, aunque sea debida al vino, o a la cerveza.


Que Cristo entonces, por su gracia celestial, os conceda el espíritu y el tiempo, para comprender y leer este libro, a fin de obtener en recompensa el cielo....”


Por hoy, huelgan más palabras.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

@ProfesorGavalda

www.caecba.com

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